Los justos: donde la moralidad se vuelve frágil.
Unas dependencias judiciales modernas y aparentemente impecables son las secuencias iniciales de la pelicula. Los miembros del jurado avanzan por los pasillos abrillantados. Todo transmite orden y control. Pero la cámara capta la imagen de una rata y ese pequeño detalle rompe la pulcritud del ambiente, funciona como advertencia de lo que está por venir y genera duda sobre la solidez del proceso judicial.
Se juzga a un hombre por corrupción y todas las pruebas lo corroboran. Los nueve miembros del jurado, de distintas edades y procedencia social, dedican los primeros minutos a conocerse, intercambiar impresiones y reflexionar sobre la responsabilidad que les toca asumir. Parecen coincidir en la culpabilidad del acusado Pero un inoportuno apagón les impide seguir con sus deliberaciones y tendrán que posponerlas hasta el día siguiente. Después de esa noche, un intento de soborno hará que afloren sus grietas, sus miedos y sus contradicciones.
El arranque es similar al de la película "Doce hombres sin piedad" de Sidney Lumet (1957). Pero se queda ahí porque lo que vamos a ver es su reverso, lo que debería ser una defensa de valores como la honradez y el respeto al patrimonio publico, se empieza a resquebrajar. Y en ese proceso los diálogos son muy jugosos, la tensión y el humor se alternan para sacar a la luz las verdaderas frustraciones y heridas abiertas. Y será ese reparto coral con sus grandes interpretaciones los que mantendrán el pulso de la trama donde asistimos a la quiebra de cada uno de ellos por motivos diferentes pero con un factor comun: la precariedad, el cansancio, la soledad.
Es verdad que a veces el guión, aunque es muy ágil, presenta fisuras, no profundiza lo suficiente y algunas justificaciones están estereotipadas y son poco sutiles adelantando demasiado pronto sus cartas. Pero el conjunto funciona y cumple su función de mantener la tensión y golpear las conciencias con un giro final inesperado y sorprendente.
Me gusta el planteamiento de la pelicula porque invita al espectador a implicarse en lo que está contando. Realmente lo que pretende es que sienta vértigo al preguntarse: ¿qué haría yo? ¿ se pueden resquebrajar los principios e ideales que tanto he valorado cuando se enfrentan a mis intereses personales? ¿soy mejor de lo que a veces demuestro? Las respuestas inevitablemente llevan a reflexionar sobre la corrupción, las líneas rojas de nuestra moral o el peligro de los prejuicios. Y aunque todo eso genere desasosiego y deje un poso agridulce, la verdad es que la película se sigue con interés y entretiene. Es una pena que en la sala de cine sólo diez o doce personas pudiéramos disfrutarla, así que espero que su mensaje cale en un mayor número de espectadores aunque haya que esperar a su estreno en plataformas.


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