Las bicicletas son para el verano: esperar, aguantar y resistir.
Fernando Fernan Gómez escribió la obra desde la memoria viva, desde los veranos que no llegaron, desde los sueños que la guerra robó a los jóvenes de su generación. No necesitó inventar héroes ni batallas; le bastó recordar cómo se apagaba la luz en las casas, cómo se encogían los planes, cómo la vida se volvía una espera interminable. Hay películas que me siguen tocando la fibra aunque las haya visto más de una vez. Por eso me gustó que fuera la elegida para conmemorar los noventa años de aquel verano del 36 porque creo que es especial, no busca reconstruir batallas sino la vida de quienes la padecieron en sus hogares. Ese verano quedó suspendido, luminoso al principio, quebrado después y convertido en pesadilla cuando una radio anuncia el golpe de estado que sería la antesala de la guerra civil. La película y la obra de Fernan Gómez capturan todos esos momentos de la vida de una familia y de un bloque de vecinos que intentan seguir adelante mientras el pa...