Las bicicletas son para el verano: esperar, aguantar y resistir.

Fernando Fernan Gómez escribió la obra desde la memoria viva, desde los veranos que no llegaron, desde los sueños que la guerra robó a los jóvenes de su generación. No necesitó inventar héroes ni batallas; le bastó recordar cómo se apagaba la luz en las casas, cómo se encogían los planes, cómo la vida se volvía una espera interminable. 




Hay películas que me siguen tocando la fibra aunque las haya visto más de una vez.  Por eso me gustó que fuera la elegida para conmemorar los noventa años de aquel verano del 36 porque creo que es especial, no busca reconstruir  batallas sino la vida de quienes la padecieron en sus hogares. Ese verano quedó suspendido, luminoso al principio,  quebrado después y convertido en pesadilla cuando una radio anuncia el golpe de estado que sería la antesala de la guerra civil. 

La película y la obra de Fernan Gómez capturan todos esos momentos de la vida de una familia y de un bloque de vecinos que intentan seguir adelante mientras el país se desmorona. La sombra de la guerra se cuela en las rutinas de  cada uno de los personajes que resisten aprendiendo a sobrevivir con paciencia, sin discursos políticos, sin armas, esperando y soñando con un final, con la paz que no fue paz, sino victoria con todas sus consecuencias. El  final es duro porque expresa la diferencia entre terminar una guerra y recuperar la vida




En aquel verano del 36, Luisito, el hijo adolescente de la familia desea una bicicleta para ir de excursión con sus amigos. Consigue convencer a su padre de que se la compre pero su sueño quedó truncado. La bicicleta se convertirá en la promesa de un futuro que nunca llegará porque la adolescencia se verá interrumpida y la vida civil  fracturada por la violencia política. 

La película no contiene escenas de guerra, ni se recrea en el melodrama ni en discursos ideológicos. Su tono es costumbrista, se refleja la escasez, la adaptación forzosa a las circunstancias, la resistencia silenciosa, la de intentar mantener la dignidad a pesar de todo. 

Alabo la dirección contenida, íntima de Jaime Chavarri, la magnífica recreación del Madrid de la guerra civil que no pretende deslumbrar sino recordar y que es obra de Manuel Gil Parrondo. Y admiro al conjunto de actores que ofrece una interpretación coral extraordinaria recreando unos personajes auténticos y llenos de vida con sus renuncias, sus heridas y sus esperanzas. Destacable la intervención de Emilio Gutiérrez Caba que se luce en un  papel muy corto pero  dejando  patente su gran profesionalidad. 

Las bicicletas son para el verano sigue siendo imprescindible para recordar lo que supuso la guerra. La contienda no solo se libró en el frente de batalla. Es importante también tomar conciencia de lo que se rompe en los hogares de las gentes, en los patios donde los niños y los jóvenes se reúnen para jugar, en las cocinas donde falta el pan y unos a otros se acusan de robar las lentejas (ese fragmento de la pelicula es antológico). 

Cuando por fin llega el final lo que se pierde no solo es una bicicleta sino la posibilidad de que la vida siga su curso y lo que queda es la amarga ausencia de  ese verano prometido que se marchitó antes de nacer. 

Por desgracia el odio y la violencia vuelven a estar presentes en algunos sectores de nuestra sociedad que invocan  el  pasado. Por eso obras como ésta, delicada, honesta y profundamente humana, son muy necesarias. 






Titulo : Las bicicletas son para el verano

Año 1984

Género : Drama histórico costumbrista

Director: Jaime Chavarri

Dirección artistica: Manuel Gil Parrondo

Reparto principal: Agustín González, Amparo Soler Leal, Victoria Abril, Gambino Diego, Alicia Hermida, Marisa Paredes

Guión : Salvador Maldonado y Fernando Fernan Gómez. Basado en la novela de Fernando Fernan Gomez. 

Música: Francisco Guerrero

Fotografia: Miguel Angel Trujillo

Emitida el 17 de julio de 2026 en el programa Que grande es el cine (La 2 de TVE) 

Se encuentra disponible en Amazon Prime y en Movistar Plus

















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