El precio de la red: el lado oscuro de Facebook.
"Yo quería concentrarme específicamente en el aspecto de Facebook que nos hace sentir más enojados y más divididos. El papel de Facebook en el aumento del extremismo, la división y la hiperpolarización política".
(Aaron Sorkin, director)
Llama la atención que el mismo director haya creado dos películas tan diferentes. En La Red social (2010) asistimos al nacimiento de Facebook, una red nacida en un campus universitario para entretenerse y hacer amigos y en la que se percibía cierta fascinación por el genio tecnológico. Ahora Aaron Sorkin adopta un tono crítico y reflexivo, destaca la labor de un peiodista y el coraje de una trabajadora para sacar a la luz documentos que demuestran cómo los algoritmos de la plataforma favorecen la polarización, la desinformación, el odio y generan problemas de salud mental.
Debo confesar que al principio me perdía entre tantos datos y un lenguaje técnico que no domino. Pero poco a poco la trama se va decantando hacia el terreno periodistico y adopta un tono más clásico que me recuerda a "Todos los hombres del presidente" (1976), la mítica película de Alan J. Pakula.
El guión cuenta la investigación de un periodista del Wall Street Journal ayudado por una ingeniera informatica que decidió, con mucho miedo pero con una gran determinación, denunciar el impacto de la red creada por Zuckerberg, un mundo tecnocapitalista en el que un imperio como Meta concentra empresas con un poder inmenso para influir en la economía, en la política y en la vida de millones de personas.
Se va desarrollando en dos planos, en dos relatos. Por un lado las investigaciones de Jeff Horwitz y Frances Haugen y por otro la declaración de Mark Zuckerberg ante el Congreso de Estados Unidos para rendir cuentas sobre lo que se va descubriendo. Estos planos se van mostrando a través de continuos saltos en el tiempo que alteran la cronología de los hechos y exigen una atención extra pero sin duda las escenas más intensas e interesantes son las discusiones entre el periodista y la ingeniera. Ella pensando que aún puede salvar la empresa desde dentro, él intentando convencerla de que ya es demasiado tarde. Y mientras tanto un Zuckerberg ensayando su discurso, frío, hermético y completamente desconectado de las consecuencias de sus decisiones.
La apuesta del director es clara y el corazón de la pelicula inclina la balanza hacia la investigación periodistica, la narración pormenorizada de los "Archivos de Facebook". La otra parte, la de Zuckerberg es inquietante, oscura y aunque sus apariciones sean breves, resultan difíciles de olvidar. Mérito por otra parte de Jeremy Strong, el actor que da vida al personaje, un hombre insensible a las emociones, ensayando sus respuestas ante el Congreso mientras su algoritmo erosiona la convivencia y provoca hechos tan graves como el asalto al Capitolio generando odio entre los usuarios y un negocio económico colosal para el mundo neocapitalista.
La guerra que emprenden el periodista Jeff Horwitz y la informática Frances Haugen contra el Goliat de Silicon Valley no ha terminado. Está claro que la intencionalidad de la pelicula es llevar al espectador a una reflexión personal sobre el coste que tienen las redes para la democracia, para la privacidad y para la salud mental. Los tecnocapitalistas lo saben y lo fomentan y nosotros seguimos utilizándolas. La cuestión queda en el aire y nos atañe a todos ¿seremos capaces de tomar conciencia, neutralizarlas y recuperar el control?

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