La bola negra: poesia en imágenes.
Es complicado reseñar una película sobre la que tanto se ha dicho y se ha escrito. Así que voy a intentar no dejarme influir por sus premios en los festivales de Cannes, San Sebastián y Toronto (intuyo que habrá muchos más), aislarme un poco del ruido y centrarme en lo que vi en la pantalla.
Tres hombres, tres épocas y una misma lucha: amar sin miedo. Las tres acaban conectándose a través del legado de Lorca y la búsqueda de libertad. La bola negra fue una obra inacabada del poeta granadino (solo se conservan cuatro páginas) en la que a un joven homosexual se le impide ser mienbro de un casino cuando los socios usando bolas negras en la votación deciden su rechazo. Esa historia que se sitúa en 1932 se entrelaza con otra que se centra en la intensa relación entre Sebastián y Rafael Rodríguez Rapún en plena guerra civil, una relación marcada por la represión y la amenaza constante de su muerte. Finalmente, en 2017, Alberto un historiador, descubre una herencia familiar que le llevará a reconstruir esas otras historias del pasado.
Los directores toman como referencia lo que se cuenta en el libro de Alberto Conejero "La piedra oscura" y lo poco que se conoce de esa obra inacabada de Lorca y tejen un guión apabullante, creando una atmósfera especial que refleja la pena, el deseo, el sufrimiento de sus personajes y haciendo muy creíbles el miedo y la indefension que sufren por su homosexualidad.
La fotografía, el diseño de producción, el vestuario, el reparto, la música construyen un universo tan extraordinariamente atractivo que el espectador queda atrapado y se mantiene absorto durante las dos horas y media largas de la pelicula. Y la clave creo que está en que consiguen que la belleza visual se subordine a la emoción. Por eso no tienen problema en intercalar silencios, pausas y momentos contemplativos, saben que el espectador va a seguir pendiente, no va a perder el hilo y cuando llegan los momentos más emotivos, no dudan en llevarlos hasta el límite porque hay un recorrido que los sostiene.
La película está llena de símbolos pero no los impone. Una tormenta de nieve convertida en metáfora del dolor, la represión y el silencio, unos fuegos artificiales que comienzan celebrando la vida y terminan iluminando el horror. Seguro que a mí se me escaparon algunos más que espero recuperar cuando la vuelva a ver. Aparecen como los versos de un poema de Lorca que cada uno interpretará a su manera.
La sombra del poeta atraviesa la obra de una manera elegante sin que su presencia física se haga visible hasta las escenas finales. Pero está ahí en la belleza de los cuerpos, en la naturaleza, en el deseo, en los secretos y en esa mezcla de misterio, luz y tristeza tan propia de su obra. Su poesía no sólo se recita, los Javis la convierten en música y en imágenes .
A los que no quieran verla por prejuicios ideológicos yo les aconsejaría que no se encierren en su cárcel mental y se acerquen a ella porque no va ni de guerra civil, ni sólo de García Lorca. Apela a la libertad que permite que algo que no encaja del todo con tu visión del mundo te pueda conmover y te haga comprender que nadie por su condición sexual se vea condenado a vivir a medias.
No sabría explicar qué me ha impactado más. Quizá la sensación de estar contemplando algo hermoso, que escapa de las palabras. La canción y la voz de Guitarricadelafuente (por cierto, admirable en su papel de Sebastián) me acompañaron como una presencia cálida y melancólica difícil de olvidar. Hay momentos en que imagen y música se abrazan de tal manera que es difícil separarlas. Quizá sea este el homenaje más hermoso que se le puede hacer a Lorca, no tratar de explicar ni comprender, sino de hacer sentir que ninguna persona merece la bola negra.
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