"Nunca quise que mi protagonista fuera modélico. La voz que salía de mí y que de alguna manera se parecía a mí cuando era niña correspondía a la de un niño de barrio, que no destacaba por sus habilidades físicas ni por ser un estudiante brillante. Mi Manolito, con su mote, sus inseguridades y obsesiones era, sin embargo, el mejor amigo que los lectores podían tener, precisamente porque vencía a las dificultades gracias a su sentido del humor y a su inteligencia verbal. Convirtió su mote, Gafotas, en un título lleno de nobleza"
(Elvira Lindo)
Mis primeros contactos con Manolito recuerdo que fueron en la radio escuchando el programa que entonces dirigía Fernando Delgado. La propia Elvira Lindo ponía la voz y sus guiones eran una delicia. A medida que se iban publicando los libros, procuraba hacerme con ellos hasta el último "MejorManolo"(2012). Supongo que alguno de la serie se me escaparía, pero puedo decir que he sido una ferviente seguidora de sus andanzas allá por su barrio de Carabanchel. Ahora, con motivo del treinta aniversario de su primera publicación, Seix Barral ha hecho una edición especial muy reciente y aparecen los siete libros de la serie en un estuche con el título "Todo Manolito Gafotas"
Los dos primeros libros se parecen más a los guiones de la radio y son potentes porque nos presentan unos hechos y unos personajes muy singulares: el abuelo Nicolás, el Orejones Lopez, el Imbécil, Susana Bragas Sucias la Sita Asunción...Hay muchos diálogos con las muletillas propias del barrio y se da menos importancia a la parte narrativa. A medida que la serie avanza se va desprendiendo de los guiones y la narracion gana en fluidez y calidad literaria.
El personaje se hizo muy famoso y hasta se rodaron dos peliculas, "Manolito Gafotas" y "Mola ser jefe"¿Cual fue su gran virtud? La de haber sabido conectar con el público, jóvenes y mayores. Las collejas que recibe, los suspensos y las letras por pagar de la familia García Moreno nos hacen recordar situaciones que vivimos en nuestra infancia.
Lo que más impacta es la naturalidad y la gran dosis de realismo que desprenden sus historias, tan cercanas que resulta fácil identificarse con ellas. Todo eso aderezado con una buena dosis de humor, humor del bueno, el que a veces despierta carcajadas y el que sutilmente se desprende de algunos comentarios "ingenuos" del personaje. Es muy hábil la autora a la hora de convertir los pequeños detalles y las anécdotas más simples en aventuras emocionantes. Ahí va un ejemplo:
"Tenemos mucha suerte en el metro porque, aunque vaya muy lleno, mi abuelo y yo juntos damos mucha pena y siempre nos dejan el sitio. Mi abuelo da pena porque es viejo y está de la próstata. La próstata no se le ve, pero sí se le ve que es viejo. A lo mejor yo doy pena porque llevo gafas, pero no te lo puedo asegurar.
Cuando la gente nos deja el sitio, nos vemos en la obligación de poner cara de pobres desgraciados, porque si, por ejemplo, te dejan el sitio y vas y te sientas y te partes de la risa, inmediatamente la gente se mosquea. Así que mi abuelo y yo siempre entramos en el metro como hechos polvo y siempre nos da resultado. Pruébalo, pero tampoco se lo vayas contando a todo el mundo, a ver si al final se corre la voz y se acaba el chollo".
Con treinta años, Manolito Gafotas no ha envejecido, sigue estando de actualidad y nos hará pasar muy buenos ratos. Divertido, cálido e inocente se merece tenerlo en cuenta en los regalos navideños para que los niños disfruten y los adultos volvamos a nuestra infancia. Por mi parte pienso releerlo porque es uno de los personajes más tiernos que he tenido el placer de conocer.
"Mis protagonistas son personas pequeñas, personas corrientes, normales; héroes y heroínas que no lo parecen y que no encajan en la visión épica de la historia" ( Almudena Grandes) Elisa Ferrer revela en el prólogo que cada domingo arrebataba el suplemento semanal a su padre para, entre otros, leer los artículos de Almudena Grandes. Yo también devoraba los artículos de ella y de Javier Marías. Los de Almudena sobre todo me enganchaban y me pechizcaban el corazón de vez en cuando porque sentía que iban dirigidos a mí y supongo que a cada uno de sus lectores. Siempre había puntos de encuentro en las situaciones que vivían los personajes, en su intimidad tan bién descrita, porque tenía la capacidad de conmovernos con las vivencias de la gente común que quedaba retratada milagrosamente en tan sólo una página. Cuando he podido releerlos en este maravilloso libro que recoge la selección que ha hecho Elisa Serna (muy acertada, por ci...
"Para Agatha: Esta novela es un homenaje a Agatha Christie, que me introdujo en los intrincados caminos del género de misterio. No sólo admiro su pluma ágil e inteligente, sino a la mujer libre y avanzada a su tiempo que fue". ( Nuria Pradas). El verano es un tiempo que invita a leer historias ligeras, entrañables, divertidas. El género policiaco es una buena opción si elegimos el suspense, un cierto grado de misterio que nos mantenga atrapados y nos haga participar en las pistas que van surgiendo a lo largo de la trama hasta desentrañar el desenlace. Lo que ahora se conoce como "cozy crime" y que rehuye la sangre y la violencia Si además la autora ha tenido el acierto de incluir a Agatha Christie como uno de los personajes principales, el éxito está servido. Este libro es un homenaje a la famosa autora y un paseo literario por el entorno y los paisajes en los que ella vivió. Para recrearlos Nuria Pradas viajó hasta el c...
" Con las alpargatas del viejo de San Antón al que se llevó la tosferina arrastrando mi mugre y mi hambre, recorrí Orán entero sin saber qué hacer y adónde ir, sin hablar con nadie ni tener clara la dimensión del desatino que suponía mi huida. Huí de un crimen involuntario. Huí de los hombres que no me quisieron. Huí de una guerra. Esta es mi historia, entre España y Orán en el Mediterráneo". El fragmento que aparece en la introducción refleja claramente el realismo que impregna la novela, sobre todo en su primera parte. Un desafortunado incidente obliga a una joven española a emigrar a Orán con el falso nombre de Cecilia Belmonte. Para sobrevivir, se ve forzada a trabajar en plantaciones de tabaco, en los lavaderos, como empleada doméstica y como operaria a destajo en una fábrica hasta que por fin su afán de superación y su entereza le permiten tener el coraje de montar su propio negocio de jabones y emprender un f...
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